
Hace unos días viví una experiencia que jamás olvidaré: mi primer taller de crochet. Antes de organizarlo, no te voy a mentir, estaba llena de inseguridades. Me preguntaba si sabría explicarme bien, si las alumnas disfrutarían, si sería capaz de transmitirles todo el cariño que siento por el ganchillo. Pero decidí lanzarme. Preparé un taller de 3 horas para enseñar crochet desde cero a un pequeño grupo de seis personas… y terminó siendo una mañana mágica que me ha reforzado muchísimo y me ha dado todavía más ganas de seguir creando.
Desde el primer minuto el ambiente fue maravilloso: risas, nervios bonitos y ese murmullo de ilusión que se siente cuando alguien empieza algo nuevo. Fuimos paso a paso, desde cómo sujetar la aguja hasta los primeros puntos básicos. Al principio había dedos tensos, dudas y miradas de «¿lo estaré haciendo bien?», pero poco a poco todo fue fluyendo. Las manos empezaron a moverse con soltura y la magia del crochet hizo lo suyo. Al final, cada asistente consiguió empezar su propio cuadrado de crochet, un granny square básico pero que simbolizaba ese momento exacto en el que aprendemos algo y nos sentimos orgullosas de nosotras mismas.
Ver sus caras cuando fueron capaces de aprender las técnicas básicas fue emocionante. No solo porque habían aprendido, sino porque disfrutaron de verdad. Hubo concentración, hubo risas, hubo conexión. Y para mí, que llegaba con inseguridades, fue un chute de energía enorme. Salí reforzada, feliz y con la sensación de que esto solo acaba de empezar.
Por eso, ya estoy preparando nuevas ediciones: repetiré este taller inicial para quienes quieran empezar desde cero y, además, crearé un taller de continuación para las que ya dominan lo básico y quieren avanzar un poquito más. Si quieres enterarte de las próximas fechas y no perderte ninguna convocatoria, te invito a seguirme por aquí:
👉 Instagram: @catwomancris
Nos vemos entre hilos, colores y mucha ilusión.